sábado, 20 de agosto de 2016

Reig Pla

Obra de Inés Sánchez
Un año más, siempre en las proximidades del verano y de las navidades (supongo que porque el nivel de noticias baja bastante y es su manera de llamar un poco más la atención), el obispo de Alcalá de Henares D. Juan Antonio Reig Pla, esta vez aliado con su homólogo de Getafe, el prelado D. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, nos obsequia con su escrito “La emergencia cívica de los católicos”.

Viene a colación este escrito porque la Asamblea de Madrid ha publicado la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación, que se aprobó el 17 de marzo con la unanimidad de todos los grupos políticos, los de derechas, los de más de derechas, los de centro, los de izquierdas y todos los demás.

La primera reflexión ante algo de semejante enjundia debería ser que antes de coger el bolígrafo o el teclado uno debería preguntarse qué ha llevado a tan variopinta comunidad de políticos a dar el SÍ unánime y sin aparentes fisuras a una Ley. Porque no podemos olvidar que el Partido Popular, que es quien gobierna en la Comunidad de Madrid, no parece muy sospechoso de actuar contra la iglesia católica y su fe, aportando 13,2 millones de euros cada mes de las arcas públicas para su mantenimiento. Así que a todos los mortales, excepto al Sr. Reig Pla, se nos ocurriría preguntarnos si no estaríamos equivocados en nuestro juicio.

La segunda reflexión es por qué el obispo de Alcalá tiene esta contumaz fijación contra la mujer y el colectivo LGTBI, por qué la mayoría de las perlas que han salido de su pluma van dirigidas contra estos dos colectivos. Obviando su aparición junto a banderas franquistas en Paracuellos, que merece un capítulo aparte, nos centraremos en sus principales ideas. Haremos especial mención a esa escalofriante guía de consejos para “curar” la homosexualidad, a esa definición de los hijos de padres divorciados como “muñecos de trapo sin columna vertebral”, a la retorcida (y nada inocente) vinculación de la violencia machista con las parejas de hecho, y por supuesto a su ocurrente propuesta de quitarle el voto a las mujeres porque últimamente nos ha dado por pensar. Del tema del aborto mejor no hablamos.

Luego una se pone a leer el documento y se transporta a siglos pasados de rancias creencias. A tiempos de derechos inexistentes, de opresión, de miedo, de mucho miedo. De todo aquello contra lo que nuestros abuelos y nuestros padres y por supuesto nosotros mismos hemos luchado. De cuando nos amenazaban con enviarnos al infierno por pensar diferente, por sentir diferente, por ser diferentes. Y nos cuenta que la iglesia católica sabe “por la Revelación” que hay que alcanzar la unidad en el ser y en el obrar, y a los que no nos ha llegado esa Revelación se nos antoja un argumento peregrino que nada tiene que ver con que las mujeres y los hombres se amen y decidan compartir su vida.

Ni en las ocho páginas de este escrito, ni en otros anteriores, ni en sus declaraciones de los últimos años hay una sola alusión contra la pederastia, contra las violaciones, contra los feminicidios, contra el robo sistemático, contra la pobreza, contra el paro, contra la desolación de nuestro mundo. A este señor le preocupan las mujeres que piensan, los hombres que se aman entre ellos sin preguntarse cómo o porqué, pero no le importa que los niños se vayan a la cama con una sola comida al día (con suerte), que haya un porcentaje escandaloso de paro juvenil o que se desahucie a las familias. Su fijación es la que es y el resto son tonterías que nos inventamos los hombres y las mujeres pensantes para distraer la atención del verdadero problema, ese que en su incendiario escrito nombra como “la ideología del género” que según él va en contra de la teología de la creación y la redención. Hay palabras cuyo significado seguro que asustan al Sr. Reig Pla: derechos, amor, sexo, pensamiento, feminismo, en definitiva LIBERTAD.

Llegados a este punto, y asumiendo el riesgo de incurrir en algún pecadillo venial de vanidad, cabría emprender el camino de la misericordia que proclaman los evangelios: “enseñar al que no sabe”, y hacer un ejercicio de tolerancia como los que el sr. obispo no tiene por costumbre. Y seremos así tan tolerantes que no haremos llamamientos a la desobediencia de las leyes humanas o divinas, respetaremos a quienes piensan diferente a nosotros, a quienes quieren vivir su vida de acuerdo con las creencias y los dictados de su iglesia, a quienes van a misa, a los que creen a pies juntillas en las palabras de Cicerón en su “recta razón”, en las encíclicas de cuantos Papas han pasado por su iglesia, en quienes siguen viviendo en el siglo XVII sin aceptar que todo ha evolucionado. Creemos firmemente en los derechos de los niños, en los de sus padres, en los derechos a ejercer la libertad religiosa, que incluye, por supuesto, la libertad de quienes no quieren ninguna religión.

Con los que somos menos tolerantes es con aquellos que viven de espaldas al pueblo, con los que siguen creyendo que la vida está en manos de Dios sin aceptar y agradecer los avances médicos,con los que no invierten ni un solo minuto en intentar aliviar las desgracias ajenas. Somos poco tolerantes con aquellos que predican una religión de perdón y ayuda sin perdonar ni ayudar; con los que hablan de votos de pobreza con los bolsillos bien repletos. Somos poco o nada tolerantes con aquellos que consideran que nuestra libertad es suya y pueden quitárnosla cuando quieran utilizando cualquier herramienta por deleznable que sea; con los que utilizan el miedo para intentar dominar nuestras mentes.

Y por último, una reflexión: deje de pensar en mujeres y en miembros del colectivo LGTBI y céntrese, tal como dice en su escrito, en “seguir las huellas de Jesucristo en el amor y particularmente en los empobrecidos y necesitados”. Olvídese de la transexualidad, el divorcio y el aborto y piense en los parados, los desahuciados, los que nada tienen. Llame la atención con especial dureza a aquellos que están convirtiendo nuestros mares en auténticos cementerios despreciando la vida de los refugiados, a los que nos roban a manos llenas sumiéndonos en la pobreza. Utilice la misma energía que pone en intentar que las mujeres dejemos de pensar en que los políticos dejen de robar. Lo mismo ese día hasta empezamos a pensar que vive usted en el mismo mundo que nosotros.

Fdo.: Brianda Yañez y Olga García.

1 comentario:

  1. Estupenda reflexión, solo que ellos a pesar de todo siguen o parecen ser los intocables,los sabios y arratran a una parte del pueblo que por desgracia sigue estando bajo las tradiciones más absurdas.De todas formas enhorabuena y mucha suerte cn este blog.Sin lucha no hay logros.A partir de hoy teneis una seguidora fel.

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